Cuando las disculpas llegan demasiado tarde
Sí, sin duda, hace un año hubiera matado porque me hubieras creido. Te dije tantas veces que yo nunca lo habría hecho, que te quería y que no me entraba en la cabeza que te dijeran que yo había hecho algo así. Y no me creiste, preferiste pensar que yo tenía la culpa de todo, sin preguntarte de qué. Sólo buscabas culpables para los problemas que tú solo te planteabas.
Y hoy... Hoy vienes y me pides perdón, y escribes en segunda persona todo lo que yo te había dicho en primera. Pero me da igual. No puedo decirte que aún te quiera, ni siquiera que de vez en cuando piense en ti. Fueron dos oportunidades en las que fallaste, dos ocasiones en las que me echaste la culpa a mí, pero ya no...
Es justo que sepas que ya hay otro en el lugar que tú ocupaste, que es otro el que me trae una sonrisa cuando me despierto, el que me hace soñar...
Ni un millón de perdones harían que las cosas cambiaran.
